martes 17 de noviembre de 2009

"Historia de dos ciudades" de Dickens

17 de Noviembre
Lo acabé ahora mismo. La última parte es expléndida, pude contenerme hasta la última página; luego, ¡menudo llanto!
No me gusta comparar las obras que he leído de Dickens, porque todas las que he leído (tres tan sólo) me parecen muy buenas, pero de temática diferente, aunque con un trasfondo común (en cuanto siempre se pone del lado de los pobres, miserables, condenados...).
Es impresionante cómo va cobrando importancia en la Tercera Parte el personaje de Carton, el cual con su muerte se convierte en un símbolo. Muchos han visto, como él, sacrificada su vida por los ideales revolucionarios de otros. Para él, su muerte lo enaltece, porque consigue salvar a aquéllos que más quiere, y en los últimos momentos de su vida se siente feliz, seguro de sí mismo, rejuvenecido, sabiéndose útil y admirado por la gente que realmente le importa.
Es muy clara la contraposición que hay entre la apacible vida y el carácter inglés, por un lado, y el caos que se vive en Francia (en la época del terror), el carácter vengativo y la sed de sangre del pueblo llano, por otra. Un detalle que me ha resultado curioso es que, cuando habla de los ideales de la revolución casi siempre añade a los de libertad, igualdad y fraternidad, la muerte. En estos dos detalles son muy significativos del punto de vista crítico de Dickens hacia lo que estaba aconteciendo en Francia en la época de la revolución, durante la cual se pasó de la época de opresión por parte del clero y la nobleza, a la también malvada época de opresión salvaje e irracional del pueblo llano. En ésta última, los propios opresores (simbolizados en la figura de los Defarge), serán también víctimas. El pueblo también es consciente de que ellos mismos pueden pasar por la guillotina, pero asumen ese posible sacrificio como un medio para alcanzar sus ideales.

Percibo en la novela la idea latente de que se podría haber conseguido un estado de cosas mejor sin haber pasado por el escándolo de la Revolución, y un buen ejemplo de ello es Inglaterra.
Me ha gustado el papel que hace desempeñar Dickens a dos personajes que hasta ahora habían tenido un papel poco importante, y sin cuya participación en los hechos finales, el desenlace hubiese sido bien diferente: me refiero a la Srta. Pross y a Sr. Roznador. En el enfrentamiento de la Srta. Pross con Madame Defarge, el amor sincero y servil vence a la furia vengativa. En cuanto al Sr. Roznador, parece haberse regenerado y manifiesta su deseo de iniciar una vida nueva.

Bueno, ahora a ver si puedo meterme en el otro miniclub de Dickens, para leer David Copperfield.