La historia arranca del supuesto suicidio de un ferroviario de ideología anarquista, tirándose por la ventana de la Comisaría de la Policía, donde lo están interrogando. El personaje principal de la obra, un personaje con varias caras (se disfraza para representar sus distintos papeles), haciéndose pasar por Juez primero y Obispo después, consigue desenmascarar a los policías que han estado presentes en la supuesta muerte accidental del anarquista. Y lo hace so pretexto de buscar él mismo una explicación coherente de los hechos, que no contradiga las declaraciones ya dadas por los policías a quienes interpela y que están bajo sospecha de asesinato. Al puro estilo socrático, el Loco va planteando preguntas que fuerzan a la policía a explicar los hechos. Luego, les hace ver que la versión policial tiene muchas incoherencias, y propone él una solución que pueda convencer a la opinión pública y que los ponga a salvo de cualquier investigación sobre el caso.
Al final, llegamos a la conclusión de que el supuesto loco es el más cuerdo de todos: ridiculiza a los policías, se ríe de ellos en sus propias narices y los desenmascara. Para ello, ha tenido que hacerse pasar por Juez, lo cual le sitúa en una pisición de poder: es el miedo de los policías a las posibles represalias de sus superiores y a la censura de la opinión pública, lo que les hace revelar la verdad y confiar en el Juez para que les salve de su delicada situación.
Pero no sólo me he divertido con esta obra de teatro: considero que la crítica a la represión fascista que sobre la izquierda se ha hecho en Italia y en otras partes de Europa a partir de la Segunda Gerra Mundial es muy acertada. Dario Fo es un escritor y comediante comprometido que ha intentado expresar sus ideas izquierdas e ilustrar a su público de lo que estaba sucediendo en su país, sin que la fuerza política dominante le estorbasen demasiado.
En esta obra critica la "estrategia de la tensión", de tendencia fascista, que consiste en provocar una fuerte represión de las fuerzas de izquierdas, colocando diversas bombas en distintos puntos del país y acusando a las fuerzas progresistas de haber sido ellos quienes han sembrado el terror. El Loco hará que los policías reconozcan que han sido ellos quienes han colocado las bombas, echándole luego la culpa a los anarquistas.
Tampoco la prensa se libra de la crítica, pues la periodista nos hace saber que no siempre es la verdad lo que interesa. A la gente le divierte el escándalo y, cuando no hay noticias de este tipo, conviene inventarlas, para evitar que se tome conciencia de la situación real del país. Hay que distraer a la gente de la verdad.
En resumen, esta pequeña obra de teatro de Dario Fo no sólo divierte y entretiene, sino que nos permite comprende la realidad política a que alude y nos hace pensar. Además, su mensaje sigue teniendo vigencia, porque los hechos que se critican son sólo un caso de los muchos que tienen lugar en distintas partes del mundo, en distintas épocas.
Al final, llegamos a la conclusión de que el supuesto loco es el más cuerdo de todos: ridiculiza a los policías, se ríe de ellos en sus propias narices y los desenmascara. Para ello, ha tenido que hacerse pasar por Juez, lo cual le sitúa en una pisición de poder: es el miedo de los policías a las posibles represalias de sus superiores y a la censura de la opinión pública, lo que les hace revelar la verdad y confiar en el Juez para que les salve de su delicada situación.
Pero no sólo me he divertido con esta obra de teatro: considero que la crítica a la represión fascista que sobre la izquierda se ha hecho en Italia y en otras partes de Europa a partir de la Segunda Gerra Mundial es muy acertada. Dario Fo es un escritor y comediante comprometido que ha intentado expresar sus ideas izquierdas e ilustrar a su público de lo que estaba sucediendo en su país, sin que la fuerza política dominante le estorbasen demasiado.
En esta obra critica la "estrategia de la tensión", de tendencia fascista, que consiste en provocar una fuerte represión de las fuerzas de izquierdas, colocando diversas bombas en distintos puntos del país y acusando a las fuerzas progresistas de haber sido ellos quienes han sembrado el terror. El Loco hará que los policías reconozcan que han sido ellos quienes han colocado las bombas, echándole luego la culpa a los anarquistas.
Tampoco la prensa se libra de la crítica, pues la periodista nos hace saber que no siempre es la verdad lo que interesa. A la gente le divierte el escándalo y, cuando no hay noticias de este tipo, conviene inventarlas, para evitar que se tome conciencia de la situación real del país. Hay que distraer a la gente de la verdad.
En resumen, esta pequeña obra de teatro de Dario Fo no sólo divierte y entretiene, sino que nos permite comprende la realidad política a que alude y nos hace pensar. Además, su mensaje sigue teniendo vigencia, porque los hechos que se critican son sólo un caso de los muchos que tienen lugar en distintas partes del mundo, en distintas épocas.

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