lunes 15 de febrero de 2010

"La ladrona de libros" de Markus Zusak

Hacía tiempo que no leía una novela que se desarrollase en un ambiente bélico. Aunque ésta tiene como escenario la 2ª G.M., no me ha resultado difícil de leer por su crudeza, ni ha sido tan emotiva como otras.
Al principio, me ha chocado que la narradora fuese la personificación de la Muerte; luego, a medida que te vas adentrando en el relato, se va haciendo un personaje más familiar. Tampoco es agradable encontrarse ya en las primeras páginas con una niña -la protagonista- que es llevada por su madre natural al encuentro de unos padres adoptivos, porque la madre de Liesel era judía y estaba enferma; no puede alimentar a sus hijos y su esperanza de seguir con vida es mínima. Tiene que dejar a sus hijos con una familia que pueda alimentarlos, pero en el viaje en tren muere el niño. A Liesel ya nunca le abandonará la imagen del hermano muerto. Asiste a su entierro y en el cementerio recoge su primer libro.

El único aspecto de la novela que no me ha gustado es que ya desde su inicio va anticipando el final de cada personaje, da saltos en el tiempo que revelan el desenlace de la historia. Me hubiese gustado que el relato fuese más lineal y no tan predecible.
En cuanto a la sencillez con que se van contando los hechos, yo la achaco a que la protagonista es una niña y lo que nos ofrece la narradora es su punto de vista. A mí me ha gustado este modo de tratar esos hechos; es diferente. Y, contra lo que supuse en un principio, no me ha emocionado, aunque soy de lágrima muy fácil.
También me he encontrado con muchos defectos en la traducción y algunas erratas, pero es algo a lo que estoy acostumbrada: es una limitación que sólo puedes salvar si puedes leer en el idioma original. Pero, aún así, a medida que vas leyendo, corriges algunas expresiones que no parecen correctas y supones, por el contexto que te da la narración, que tu interpretación es correcta porque todas las piezas encajan.
Voy ahora con el argumento:
Liesel es adoptada por Hans y Rosa Habermann. Cuando llega a Himmelstrasse, se resiste a aceptar su situación. Pero pronto se encariña con su padrastro, el cual sabe tener un tacto especial con ella, consciente de que no es como muchas otras niñas, sino que las circunstancias la han obligado a madurar muy rápido y a vérselas cara a cara con la muerte, algo muy difícil de asimilar y comprender para una niña de su edad. Hans la acompaña en sus momentos de pesadilla e insomnio nocturnos y empieza a formarse entre ellos un vínculo muy fuerte. Liesel va aprendiendo a lere poco a poco en esos libros que va sustrayendo o consiguiendo aquí y allá, y a los cuales acompaña siempre una historia. Hans dedica largas horas a enseñarle a leer en esos libros y entre ellos crece un profundo afecto, convirtiéndose en la persona más importante en la vida de Liesel.
Hans Hubermann había sobrevivido ya a la 1ª G.M. y había conocido a un judío que le había enseñado a tocar el acordeón. Su amigo había muerto, pero Hans se ve en la necesidad de ocultar en su casa a Max Vandenburg, hijo del acordeonista judío. Max tiene que vivir oculto en el sótano, sin poder salir a la luz, dado el clima antisemita dominante en Alemania durante la guerra. Entre Liesel y Max se va fraguando una profunda amistad. Los dos son judíos. La niña sabe guardar el secreto; sus padres le han hecho comprender que el descubrimiento de ese hecho por parte de los nazis puede suponer el final del matrimonio Hubermann: Liesel le cuenta a Max sus correrías juveniles en compañía de su vecino y mejor amigo, Rudy Steiner, e intenta transmitirle imágenes de ese mundo vedado para él. Mientras, Max escribe pequeñas historias para ella, en las cuales ambos son protagonistas, y en las que Hitler aparece como el enemigo.
Los Hubermann se verán en una situación muy comprometida cuando Max enferma, llegando casi al límite de la muerte. Por las noches, lo suben del sótano, para evitar que muera de frío. Consigue pasar desapercibido en un registro del sótano, en el que buscaban comprobar si podría servir de refugio en un bombardeo. Pasan también por muchas estrecheces: Hans y Rosa se van quedando sin trabajo y resulta muy difícil tener para comer. Max es consciente de estar siendo una carga para los Hubermann y aprovecha que se tienen que ir al refugio cercano, para marcharse.
Rudy es el mejor amigo de Liesel, su compañero de hurtos. Se defienden y protegen mutuamente. Al final, cuando Max se ha ido, Liesel le cuenta su secreto a Rudy, porque comprende que siente la misma pena que ella por los judíos. Ambos contemplan escandalizados a los grupos de judíos que recorren Himmenlstrasse, camino de un campo de concentración cercano, y se las ingenian para colocarles pan en el camino, aun a riesgo de ser castigados. Aunque no son más que niños, se rebelan a su manera contra el trato cruel que está recibiendo esa gente. En uno de esos grupos Liesel descubre a Max.

El final me ha gustado, es coherente con la historia, y lo prefiero a otros finales mucho peores. A Liesel la salva el último libro de Max -"El árbol de las palabras"-; en el momento del bombardeo, que borra por completo Himmelstrasse, ella estaba en el sótano leyéndolo. Su dolor es inmenso cuando descubre que ha perdido a las personas más importantes de su vida: su hermano, al principio de la novela, y ahora a su padre, Hans, y a su mejor amigo. ¡Cuánto se arrepiente de no haberle dado a Rudy aquellos besos que tanto insistía en pedirle y que tenía bien merecidos! Porque lo quería con toda el alma, y ahora ya no podía demostrárselo.

¡Qué vacío en la vida de Liesel, faltándole esos tres pilares fundamentales! Menos mal que luego es acogida por el alcalde y su mujer, aunque me imagino que no se encontraría muy cómoda entre ellos. Y entre tanta desgracia, consigue volver a ver a Max, que ha sobrevivido al holocausto. ¡Al menos él se ha salvado!

Me ha gustado mucho la novela, salvo algún detalle. Le doy un 9.